14 de Julio – Comienzo de la Revolución Francesa

Como todo hecho histórico la Revolución Francesa tuvo múltiples causas y consecuencias, entre las primeras podemos mencionar el descontento generalizado del tercer estado, del pueblo llano, debido a sus padecimientos provocados por la grave situación económica que atravesaba Francia en aquellos tiempos. A lo que debemos sumar su falta de derechos y sobre todo a las ideas de la Ilustración.

Y es precisamente aquí donde nuestra orden tuvo marcada influencia en todo el proceso revolucionario francés, la proclama de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” resonaban fuertemente en las calles parisina; se vislumbraba también que ya habían encarnado las ideas de Voltaire, Rousseau y Montesquieu y que pronto se las llevaría a la práctica.

Estas dificultades y la negativa de los aristócratas en la Asamblea de los Notables a ceder su privilegio de no pagar impuestos, llevaron a Luis XVI a convocar a los Estados Generales, los cuales se habían reunido por última vez en 1614.

Los Estados Generales consistían en una convocatoria a los tres estamentos, que se consideraba entonces, comprendían a toda la sociedad francesa de aquel entonces. El Primer Estado, los representantes del clero; el Segundo Estado, los representantes de la nobleza; y el Tercer Estado, los representantes de la gente común.

En la primavera de 1789, el abad y francmasón Joseph Sieyés escribió un panfleto titulado “¿Qué es el Tercer Estado?”. En el cuál sostenía que se trataba del único cuerpo legislativo electivo que tenía el derecho de gobernar Francia.

Cuando los Estados Generales se reunieron en Versalles el 4 de mayo, de inmediato el Tercer Estado cuestionó el derecho del Primero y Segundo Estado. Honoré Riqueti, francmasón y conde de Mirabeau, se convirtió en uno de los oradores del Tercer Estado.

El conflicto entre los Estados Generales llevó a que el Tercer Estado se adjudicara el carácter de Asamblea Nacional. Luis XVI no emprendió ninguna acción efectiva contra ellos, pero en París corría el rumor de que estaba preparando un golpe militar para disolver la naciente Asamblea y arrestar a sus dirigentes.

El pueblo de París respondió invadiendo los depósitos de armas, y una vez que obtuvieron armas pequeñas, tomó la Bastilla el 14 de julio.

El aporte ideológico y simbólico de nuestra orden en la Revolución Francesa resulta evidente y muestra de ello son los colores de la bandera republicana rojo, blanco y azul, en los cuales están representados nuestros tres tipos de logias, y que tienen su origen en la escarapela tricolor ideada por José de Lafayette, francmasón.

También en el gorro frigio, símbolo de la república, igualmente un símbolo masónico. «La Marsellesa», compuesto por el francmasón Leconte de l’Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros Francos de Strasburgo. Y así mismo, todo el simbolismo griego que adoptan los revolucionarios, al igual que el deísmo naturalista de que hacen gala, puede encontrarse en las leyendas y temas de nuestra augusta orden.

La Revolución Francesa es ecuménica y sus consecuencias llegan hasta nuestros días, y por ello queremos recordar en esta fecha a nuestros queridos hermanos que siguiendo abnegadamente los ideales masónicos lucharon, luchan y lucharán siempre en favor de la verdad, de la razón y de cuanta causa justa viva en el corazón de cada masón.